Llars Compartides, comunidades de sentido

Iniciamos un ciclo de reflexiones de la mano de Lluís Font, Presidente de la Fundación, sobre las comunidades de sentido, los hogares compartidos y cómo la relación interpersonal crea vínculos que dan sentido a la propia existencia.

Cataluña tiene una larga tradición de iniciativa social. A lo largo de los tiempos, los ciudadanos se han organizado para atender sus necesidades, defender el bienestar colectivo y cultivar unos determinados valores. El fruto del empoderamiento de las personas es una sociedad civil bien arraigada, sólida y plural, emprendedora y solidaria. En nuestro país, el estado del bienestar cuenta con la colaboración de muchas entidades, instituciones, cooperativas y fundaciones en la prestación de servicios de interés público. Éste es un activo a preservar, una señal de identidad que nos caracteriza como nación y nos distingue de un caracter estatista, propio de otros lugares. En efecto, la colaboración público-privado, tan en boga últimamente en los discursos políticos, está fuertemente arraigada en la historia de nuestro pueblo. Vicens Vives habla ampliament en Notícia de Catalunya.

Llars Compartides es una modesta expresión de este ethos. Un grupo de voluntarios, conscientes del problema de la vivienda, especialmente entre personas mayores, crean una fundación y diseñan un modelo muy eficiente para proporcionar un hogar a personas que, de lo contrario, vivirían en la calle o dependientes de la asistencia pública. Se alquilan pisos en el mercado inmobiliario, se adecuan para su uso y se constituyen pequeñas comunidades de personas autónomas, que contribuyen con unos 250 euros mensuales a pagar los gastos de alquiler y suministros. En caso de que alguien no pueda abonar esa cantidad, recibe una ayuda adicional. Unos profesionales de la educación social y la integración, apoyan y unen a los miembros de cada vivienda, y de todos en conjunto, implementando programas culturales y de voluntariado.

Los sociólogos Berger y Luckmann, en su obra Modernidad, pluralismo y crisis de sentido, reflexionan sobre el pluralismo y la construcción de la identidad personal. En un contexto de creciente individualismo y de un cierto darwinismosocial, sobre todo en las grandes ciudades, donde vivimos físicamente cerca, pero muy alejados unos de otros, surgen las comunidades de sentido. Són agrupaciones de todo tipo, que se convierten en relevantes en la vida de sus miembros más allá del objetivo originario que les había congregado.. Los participantes se dan cuenta de que practicar un deporte en equipo, cantar en una coral, trabajar en un proyecto, o vivir en una misma vivienda tiene un valor añadido. Entre un yo y un tú, la relación interpersonal crea vínculos que dan sentido a la propia existencia. Los hogares compartidos pueden acabar siendo una comunidad de sentido, por la implicación de cada uno de sus habitantes en la vida de los demás, si sabemos cultivar el clima propicio para hacerlo posible.